Los lobos. Cecilia Martínez Cantera

Todo ocurrió hace dos o tres años en un bosque frío y oscuro de un lugar recóndito en el que los lobos habitan en paz y armonía, o al menos eso parecía…

 Una loba llamada Akare estaba tumbada plácidamente en la hierba. Hasta que llegó Mordú, alfa de la manada.

– Ve a cuidar a los cachorros. Gruñó la criatura mostrando sus dientes, amenazante.

– Estoy cansada. ¿No podrías encargarte tú hasta que yo llegue a la cueva? Titubeó la pobre fiera asustada.

– ¡Ese es tu trabajo! ¡Yo soy el alfa! Chilló iracunda la bestia.

Akare no se movió, lo que provocó que Mordú la atacara, ya que ella debía obedecerle.

Una vez asestado el primer mordisco, nuestra protagonista cayó al suelo indefensa pidiendo perdón, pero a Mordú no le pareció suficiente.

El jefe se disponía a echarla del clan, cuando apareció un tercer lobo desconocido que se interpuso entre los dos y desafió al alfa para poder salvar a la loba. Porque él pensaba que todos debían ser iguales y que un alfa no era nada sin su compañera.

– ¡No puedes tratarla así Mordú! Exclamó nuestro héroe.

– Ella es igual que tú y no tienes ningún poder sobre ella. Akare, no dejes que te trate así, tú mereces algo mejor. Tienes que defenderte. Añadió el lobo convencido.

Tras este pequeño discurso, los dos machos se enzarzaron en una épica batalla que acabó con el alfa vencido y desterrado.

Victorioso, el forastero junto a la loba, gobernaron la manada de forma justa. Nunca ninguno fue superior a otro y así mantuvieron la paz en el clan. Demostrando que un macho no era superior a una hembra y que solo trabajando juntos se podría mantener el equilibrio en la sociedad.

CECILIA MARTÍNEZ CANTERA